A lo largo de esta semana pasada, miles de jóvenes se han disputado su futuro más próximo teniendo como rival a los exámenes de la tan temida - y entrañable-, selectividad. Admito que guardo un grato recuerdo de esos tres días en los que me jugué mi vida académica, aunque finalmente recibiera la primera guantada sin manos cuando leí las notas y ¡¡¡por 3 centésimas!!! me quedara fuera de ver cumplido mi sueño de ser corresponsal de guerra. Durante años he despreciado el número 3; quizás fuera por eso. Hoy, con la distancia - y con el nacimiento de algunas canas sobre mi pecho-, cada vez que alguien se asoma al trámite de enfrentarse a resolver su futuro en base al maridaje de conocimientos adquiridos y/o conocimientos memorizados, les confieso que selectividad es el perfecto idilio entre leyenda y realidad. Leyenda que se agranda porque durante dos cursos escolares directores, profesores y padres van insu...