De las cosas más bellas que un maestro de infantil guarda en su memoria una tiene que ver con el sonido de sus niños al leer por primera vez. Tras un trabajo de varios años, las piezas de un puzle sonoro cobran vida cuando ese dedo comienza a subrayar por si solo una frase que dibujará en el rostro de ambos una sonrisa infinita. Por si alguien no lo sabe, yo les puedo contar que ese milagro no es un trabajo exclusivo de aquel o aquella que aceptó su vocación, sino que tiene que ir de la mano de los padres, de los abuelos, de los tíos,…de todos los agentes activos que participan en la enseñanza -y en la EDUCACION-, de ese infante que a través de un cuento, de un poema o una canción puede vivir otros mundos. Y paralelo a este milagro se da aquel que tiene que ver cuando un lápiz del número 2, haciendo equilibrio entre sus torpes dedos, le permite escribir su primer nombre gracias a los personajes del país de las letras. Pero si para los maestros de infantil es un...