Los que le conocen bien saben que lleva algún tiempo triste. Más de una tarde lo han visto deambular sólo por las calles, alejándose del mundo, con la pena contenida en la mirada. No ha sido un buen año para él, y aún no sabe cómo va a reaccionar cuando te tenga enfrente. En los últimos días se ha ido mirando en los espejos del recuerdo, y cada vez que alguien menciona lo que pasó aquella maldita noche, de su costado brotan oscuras lágrimas que le hacen sentirse humano. Asume con resignación lo que pasó. Da por hecho que nadie va a creerse su versión. Todos le hemos tildado de culpable pero hoy, cuando el calendario atraviese de dolores un viernes, se tiene prometido acercarse por tu casa, por nuestra casa, para inclinar su cabeza y detener su temple entre bastidores de disculpas. Sabe que no estará sólo. La luz de la primavera lo acompañará hasta la puerta. El vuelo de las palomas velará de sus sombras. Los ruegos de los vecinos le tomaran de la cintura para que no le asalten las duda...