Decía Juan Carlos en uno de esos pasodobles de piedra que hay amores que nacen en primavera… y el de Kike Remolino por Cádiz y su Carnaval es un amor inmortal que perdura allende del tiempo y los silencios.
Es lo que tiene ser uno de esos hijos predilectos y escogido por la ciudad de los vientos, y es lo que ha hecho este autor de carnaval al llegar febrero, diciéndole a su madre - a su manera- que la quiere con el alma y la garganta.
Ha regresado Kike a la modalidad de la chirigota, y su piel se ha vuelto a desangrar con un tipo que dice más por lo que calla que por lo que canta.
Ha vuelto Kike a pisar el Falla con rabia, y sus verdades son puñales que se han clavado directamente en los ojitos del que se ríe de esto; el que coja pa él.
Y ha cantado Kike como sólo el y sus compañeros de fatigas saben hacerlo, siendo irónicos y cargantes, pero con un punto de dolor en sus miradas.
El Carnaval les duele.
Y porque la vida del gaditano les duele al saber que la vida de sus paisanos va más allá de ver puestas de sol y quitarle humedades y calichas a los patios de vecinos.
Menos mal que paras sobrevivir a veces a todo esto, tenemos el amor… ese que siempre nos salva.
Menos mal que febrero ha llegado, y debajo de sus brazos nos ha traído de nuevo a Kike.
Gracias por regresar.
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