El Noveno


Si es cierto esa ley no escrita, pero manoseada por el boca a boca, de que el hombre es el ser más inteligente que habita entre los horizontes de esta tierra, éste debería de ir cada cierto tiempo al panel de ajustes y ser mucho más práctico en cada versión mejorada de sí mismo.
Una sugerencia que propongo a los que rigen nuestros destinos podría ser la de sustituir el mes de Enero por este mes de Septiembre, con su correspondiente  “toma de las uvas” en la Plaza del Arenal, donde de seguro pasaríamos menos frio.
Pero tengo más premisas para pedir este cambio. A saber.  
Septiembre es el verdadero mes del inicio de todo, desde las dietas milagrosas hasta las ligas deportivas; desde las agendas escolares hasta la vuelta a la rutina por parte de padres, maestros, babis,…
Es en este mes donde uno vuelve a descolgar del armario los pantalones largos, a calzarse el reloj para que éste marque de nuevo los tempos, donde ir a comprar el Diario o echar una quiniela supone un ejercicio de equilibrio motor al tener que sortear infinidad de colecciones interminables y absurdas.  
De los doce meses del calendario, es el que mejor sabe engatusar al aire para, pellizcando levemente sus nubes, se desprenda por las calles ese aroma a tierra mojada que tan romántico lo envuelve todo.  
Es un mes discreto, esperado, mercedario,…
Lo mismo lo puedes encontrar lavándose la cara entre fuentes y arriates, que anda buscándote para quitarte la arena de unos pies que de seguro han danzado por orillas, terrazas y piscinas, de manera libre, descalzos, sin ataduras,… reclamando una libertad que dentro de muy poco perderán en favor del invierno.
Sólo hay un pero que ponerle a este mes de Septiembre, y es que trae consigo la vuelta de unos cuantos parásitos a nuestra sociedad, pero… nadie es perfecto.