El centro


Tengo la suerte de ir descubriendo por día que pasa a una de esas personas que, teniendo en la cabecera de su cama los quejíos del Torta, la gitanería de Terremoto o las espantás del Paula, la vida ya no le coge de sorpresa. 
Él se llama Juan Peña, nuestro “Peñita” de toda la vida, uno de esos cámaras gráficos que - cada vez que le dejan-, es capaz de enfocar con su lente lo que su corazón embarbado le dicta.    
Me gusta escucharle cuando habla porque apenas tiene que levantar la voz para hacer oír su discurso en este mundo donde cada día se grita más y se acaricia menos.
Cuando nuestros caminos se separan es cuando me doy cuenta de su grandeza.  
La última vez que tuve esa sensación de querer saber más fue el pasado viernes cuando yo defendía, con vehemencia y pasión, el pensamiento enérgico y egocéntrico de que “el centro de Jerez sólo se llena cuando un paso está en la calle”.
Él, atento a mis palabras y sin alterarse, apenas puse punto y final a mi alegato cofrade y ventajista, me dio una lección de esas que tardaré mucho tiempo en olvidar: “si el centro de nuestra ciudad  se colapsa por una procesión en condiciones como la de la Yedra o la de la Merced, me parece perfecto, pero me gustaría que el Ayuntamiento le diera facilidades a otros colectivos para que también se pudieran expresar de igual manera en un espacio público.”
Tocado y hundido.
Yo que pensaba sacar a relucir en esta tribuna mi pecho cofrade, y regocijarme así ante el beneficio directo que sólo es capaz de generar en los bares del centro una cofradía,… me marché a casa con la cara colorá, el ombligo herido y entendiendo que el centro debiera ser de todos.
Ainsss amigo Peña, gracias por abrirme los ojos.