domingo, 17 de enero de 2016

Para ser feliz..


Escuchaba el otro día en la radio a un experto sociólogo determinar que el ser humano podía ser feliz si miraba el vaso de la vida medio lleno y obviaba aquellos pensamientos negativos y dañinos, evitando de esta forma que el alma se fuera atemorizando cada día.   

Para ello compartió un pequeño decálogo que el mismo había denominado como los diez pasos para ser feliz.

Entre otras cosas comentaba que hay que ser expresivo y cariñoso con los que nos rodean, hay que fomentar la confianza en uno mismo y hay que descubrir quiénes somos en realidad como puerta principal para avanzar y alcanzar nuestros objetivos.

Tras asimilar sus consejos, me quedé esperando a que comentara cómo uno puede ser feliz si la propia vida es la que te va dejando piedras en el camino difíciles de esquivar.

Porque…

¿Existe felicidad para una madre que regresa a casa envuelta en lutos respirando dolor e impotencias?

¿Existe felicidad para una hija que se despierta a medianoche al sentir de nuevo la voz de un padre que ya no está junto a ella?

¿Existe felicidad para el que vive solo, para el que consume drogas o para aquel o aquella que tiene su cuerpo marcado por el maltrato?  

Dudo mucho que para estas personas la felicidad de la que hablaba este experto sea la misma; es más, yo diría que no tiene nada que ver.  

Pero al igual que tú y que yo, estas personas están en su derecho de ir a buscarla, de perseguirla, de abrazarla,…

Sólo necesitan darse un poco más de tiempo, o darle la vuelta a ese vaso, o romperlo directamente y buscar uno mucho más grande donde tengan cabida aquellas cicatrices que hicieron una vez enmudecer a las propias palabras y al propio silencio.   


Querida felicidad, sigues teniendo un nombre precioso, pero qué complicada eres a veces de alcanzar…