11 de Mayo...



La mujer que me llevó en las enaguas de su vientre durante nueve meses cumple hoy 75 años.

Se trata de mamá Milagros, o de la abuela Milagros; una madre para todos, una abuela única para sus dos nietos.

Tengo la suerte que todo el que me conoce la conoce a ella, porque ella es mi mejor carta de presentación.

Se mejor que nadie que no es perfecta, que como todos se equivoca, que a veces en su celo de madre no se quita la venda de los ojos,… pero permítanme que les diga que es mi madre, ese pequeño presente que la vida me regala cada vez que la vuelvo a ver.  

Costurera de mis ilusiones, hilvana cada tarde la pelea del día a día con sosiego y con calma, a sabiendas que las cicatrices del destino se curan con paciencia y con ese beso en la mejilla que sólo saben dar las madres.

Fue la mejor mujer que mi padre pudo tener a su lado.

Es la mejor madre que yo puedo tener bajo los reflejos del sol.

Será el dolor más grande que atraviese mi alma cuando me falten sus latidos.

En su mirada encuentro el sosiego a mis lágrimas cuando el volcán de las preguntas se desborda de impotencias.

A sus manos acudo cada vez que tengo frío, cada vez que me retuerzo de dolor, cada vez que la soga del cuello me asfixia las sonrisas.


Me encanta cuando me da el parte futbolístico y se me cae la baba al verla cómo discute conmigo por la vida de los famosos, por los recuerdos de los vecinos, por el nombre de las calles,… 



Cuando la veo cerrar los ojos en su butacón, rendida y cansada, entiendo tantas cosas que despertarla me hace daño; en ese momento yo quisiera detener el tiempo, quedarme a vivir en su piel y volver a perderme en su delantal de cuadros, esa herencia de la abuela y ese paraíso de mi niñez que la vida jamás podrá arrebatarme.

Muero cuando me cose los dobladillos de los pantalones, cuando me prepara la comida, cuando me cuenta lo que hace en su piscina o en su Hermandad de la Sed.

Aprendo -al mirarla-, lo que el verbo amar significa, porque ella ama a los suyos y a los otros con la única verdad que le corre por las venas: la de querer sin condiciones.

Agradezco cada segundo que me ha regalado, cada bronca que me ha susurrado, cada guiño de orgullo que me ha devuelto al acompañar mis torpes huellas de hijo; sé que no soy su mejor garabato, pero formo parte de su cuaderno.

Al que corresponda, gracias por dejar que mi sangre sea su sangre..

Gracias por haber saldado esa deuda con el cielo y haberme permitido vivir horizontes de madrugadas a su lado..  

Y gracias -millones de gracias-, por permitirme que fuera en mayo cuando viniera al mundo la flor más importante de mi jardín..

Querida Mama..
Eterna Milagritos... Muchas Felicidades!!!