domingo, 2 de octubre de 2016

Una mísera firma..



Será cosa de este clima o que por desgracia por la mañana disfruto de más tiempo libre del que yo quisiera tener, pero tengo la sensación al pisar el centro que estoy rodeado de extraños y extranjeros.

Personas que nos visitan con una sonrisa en la cara, prisas en los andares y una mochila a la espalda cargada de botellas de agua, mapas y abanicos.

Personas que al fin y al cabo se maravillan de todo lo que nuestra ciudad les ofrece, desde bodegas que aún se pueden visitar hasta un espectáculo único en el mundo donde el caballo es el protagonista principal, pasando por decenas de bares donde degustar tapas y viandas que de seguro jamás olvidarán.

Y a estos visitantes también les ofrecemos -sin que nos cueste un duro-, la posibilidad de que en sus paseos por el centro vean fachadas de edificios históricos, desde palacios hasta iglesias, eso sí, la mayoría de estas cerradas a cal y canto; el día que entendamos el valor que supone tener a Dios tan cerca…

Un ejemplo se da cada vez que estos visitantes suben por la calle Consistorio y se detienen ante el edifico del Ayuntamiento de nuestra city.  

Los ves allí haciendo fotos y balbuceando piropos en su idioma, haciendo que tú mires hacia allí diciéndote... “si supierais realmente lo que se cuece tras esos muros.”

Porque lo último que pasa allí es que no hay -ni se espera que haya-, secretario municipal, lo que está provocando que toda la administración esté detenida, y que un valiente emprendedor no pueda abrir su negocio a falta de una firma; como leen: Una mísera firma.

Otra vergüenza más.


Cómo envidio a estos extranjeros que son capaces de quedarse en la primera capa de pintura de las cosas y viven sin enterarse lo que realmente sucede en los edificios de nuestra ciudad...