El Hijo Pródigo...


Tengo guardado en algún altillo de mis quimeras una pequeña cajita donde se van acumulando aquellas preguntas y dudas que los años van dejando sin resolver, y uno de estos interrogantes que se clavan en mi mente como si fuese un alfiler ausente de color tiene al Señor del Prendimiento como tilde y acento.

Y es que… ¿Qué tiene tu cara Prendimiento?

Y tus manos, ¿que se esconden bajo las arrugas de tus manos?

Y Tú mirada... Tus hechuras… Tus silencios...

¿Hay alguien en alguna parte de este mundo que me explique que tienes, que eres, que me provocas en las entrañas de mi alma cuando te tengo enfrente y te miro… y solo puedo guardar lágrimas y suspiros?

Porque eres…

El lirio desamparao que tiene las llaves del firmamento..

El que le da compás a las bulerías…

El que colorea los lunares a los delantales con los que se va amasando la vida en un patio de vecinos..

El que enreda con quejios los roetes de las abuelas..

El que escucha las penitas de la musa de este escribano..

El que cualquier día de estos se va a escapar del azulejo que gobierna el barrio y se va a perder por las callejuelas taconeando, cantando y rompiéndose la camisa entre jirones de fiesta..


El único capaz de poner de acuerdo a gitanos, payos, ricos, pobres, propios, extraños,… y a una ciudad entera que este sábado pasado se rindió ante Él batiendo palmas de reencuentro…

 
Y en la calle te rezaron
los repelucos del tiempo
aquellos que sentenciaron
que eras sombra sin aliento

y eco para las tristezas
bálsamo de contratiempos
luz salpicando tinieblas
cordura en busca de cuerdos

línea del horizonte
locura como sustento
mirada que al pellizcarme
busca asilo en el recuerdo

Bulería de leyendas
Undivé de mis adentros
¿Alguien puede desatarle
las manos al Prendimiento?


Prendimiento, gracias por volver.