domingo, 21 de agosto de 2016

Aroma a Domingo


         De un tiempo a esta parte los domingos por la mañana los tengo reservados para montar en bici, aprovechándome que por las calles de nuestra ciudad apenas hay gente y que por muchas esquinas las persianas se andan cerrando para irse a dormir.

Es un paseo leve el que suelo dar, no vaya a ser que mi espalda se revele y me quite este espacio donde soy completamente libre.

Entre pedalada y pedalada, aprovecho para pensar en mis cosas, en mis artículos, en mis proyectos,… notando cómo la ciudad se relame sus heridas, se busca a sí misma y comienza suavemente a desperezarse por las esquinas del olvido.

Y me resulta curioso observar que el ritmo de la vida se vuelve pausado al llegar este instante de la semana, acrecentándose el ruido en las cafeterías, dejando que los despertadores se vuelvan mudos y viendo a decenas de personas que en su vida han hecho deporte enfundarse a ropas llamativas y recién estrenadas con la sana intención de ponerse en forma.

Supongo que ese es el aroma que trae en sus bolsillos los domingos; supongo que cada uno de los aquí presentes tiene una forma de aprovecharse de él.

Al llegar el domingo es como si nos diéramos una tregua a nosotros mismos y dejamos por unas horas que se vayan a descansar las preocupaciones que tanto nos aprisionan el día a día.

Llega el domingo y hasta la piel se nos vuelve de otro color, a sabiendas que es el único momento de la semana que tenemos para dejar que el tiempo avance a sus anchas y que la rabia, la impotencia o el mal humor se regeneren para enfrentarse con fuerzas a una nueva hoja del calendario.

Son los domingos, ese refugio que aún no nos han quitado a los soñadores y que nos permite seguir viviendo.


Aprovechémonos de él.