domingo, 8 de junio de 2014

Deme motivos, Majestad


Majestad, con la venia.

A días de que jure de nuevo sobre la Constitución Española, y que vivamos juntos la ceremonia en la que Usted se va a proclamar como nuevo Rey de España, permítame que le haga llegar las palabras de este simple vasallo al que sólo le queda la dignidad para ir dándole rienda suelta a mis sueños.  

Majestad, no tengo ninguna duda de su preparación y de su compromiso para con nuestro país, para con su gente, para con su apellido,… pero de vez en cuando abra las ventanas de palacio y airee los tapices que cuelgan de las paredes; de esa forma podrá escuchar a los que sufren, a los que apenas tienen esperanza, a los que se están quedando si voz,…

Majestad, cada vez que presida un acto oficial, recuerde de donde viene y rememore siempre hacia dónde caminan sus pasos, y vigile sus huellas; probablemente algunas hienas muy cercanas a Usted aguardarán su momento para hincarle algo más que el diente.

Majestad, tenga presente la figura de su padre, pero no se intente igualar a él; determine su camino y deje que la Historia ponga a cada cual en su sitio.

Majestad, no aliente debates absurdos de independistas y republicanos aburridos, y fomente, busque, hipoteque su palabra para darnos lo que necesitamos: trabajo.  

Majestad, en sus próximos discursos navideños, rompa las normas de protocolo y háblenos mirándonos a los ojos, desnudándose en cada gesto, sintiendo como real cada mensaje; deje a un lado el mito de que su sangre es azul y mézclese con el pueblo llano. 

Y Majestad, de vez en cuando, vuelva a ver las noticias; cuentan las leyendas que por culpa de ellas Usted encontró al amor de su vida… quizás si vuelve a hacerlo ahora podrá entender que este país se está desangrando.

Estimada Majestad, deme motivos para creer en Usted.