domingo, 13 de abril de 2014

La gran desconocida



           Escuché esta frase sobre el Teatro Villamarta hace un par de años en referencia a nuestra Semana Santa, ésta que hoy se llena de palmas y de ramos, y daría lo que no tengo en los bolsillos para que en un futuro esta frase desapareciera de mi mente. 

Si fuéramos capaces de vernos con ojos de forasteros… otro gallo nos cantaría, y sobre todo les cantaría las cuarenta a esos jerezanos-cofrades de a pie que en estos días de bulla, de inciensos y saetas sólo buscan graduarse 'Cum Laude' en el noble ejercicio del critiqueo y de tirar por tierra todo lo nuestro. 

Seguro que alguno de ustedes conoce a algún jerezano-cofrade de a pie, ese al que le encanta asomarse a la ventana de lo ajeno para admirar todo lo que venga de afuera mientras no es capaz de sacudir el polvo de su casa por miedo a enamorarse de su propia sombra. 

Al jerezano-cofrade de a pie le gusta ir a los actos sociales de la Cuaresma, tales como besamanos, funciones principales, el Pregón,… sólo para ver y ser visto. 

Y en estos días de pasión lo podrán encontrar en los palcos, aferrándose a la medalla que luce primorosa sobre su cuello cuando su Hermandad pase por Carrera Oficial, poniendo los puntos sobre las íes a todos sus hermanos en Cristo. 

Cuando un jerezano-cofrade de a pie nace, la matrona tiene que asistir a dos partos al mismo tiempo: el del jerezano-cofrade de a pie y el de su solemne e inmaculado pesimismo. 

El último ejemplo de esto que les digo tiene como protagonista el chaqué del pregonero… Tranquilo José María, el año que viene vamos a proponer que se dé el Pregón en la Pasarela Cibeles y que unos cuantos sordos aplaudan el mensaje que allí se pregone. 

Ainsssss… si te conocieran como yo te estoy conociendo.