lunes, 24 de marzo de 2014

Jamás te acostumbras


        La vida quiso que un día me viera estudiando para tener en mi pared el título de maestro. Y me sentí tan a gusto estudiando esa carrera que no contento con una, hice dos; así que podría decir que soy maestro por partida doble y que sólo me falta la pared para colgarlos.

Por lo visto -y por lo sabido-, ser maestro en Jerez está envuelto de leyendas taurinas y mucha guasa ribeteadas con gotas de envidia, leyendas y envidias que antes rebatía y a las que desde hace tiempo hago oídos sordos.

Pero aunque parezca un ejercicio de desnudez sensata, antes que maestro soy persona. 

Y como todas las personas tengo atardeceres bohemios y cielos nublados de estrellas, seco lágrimas a escondidas y envuelvo sonrisas en cualquier plazoleta, me ahoga esta puñetera crisis y colecciono sueños que se me escapan de entre las manos,…   

Y esta semana que hoy domingo pide descansar es quizás cuando más persona que maestro soy.

Porque por mucho que pasen los años, por mucho que silencie sus recuerdos, por mucho que me haga el fuerte ante los demás y diga que no le hecho de menos, cada vez que tengo que preparar el regalo para el Día del Padre con mis alumnos de Primaria un escalofrió de alfileres recorren mi espalda.

Intento que en esta actividad mis propios sentimientos no me jueguen una mala pasada y antepongo mi profesionalidad para cumplir con mi deber como docente, pero antes de que los padres reciban su regalo ese día entre risitas y nervios les pido a mis alumnos que cojan a sus padres por la cuello y les den un beso de esos que hacen ruido,…sin que ellos se den cuenta de que yo quisiera darle uno así al mío.

Y es que por mucho que el tiempo pase, hay cosas a las que jamás te acostumbras.