lunes, 4 de noviembre de 2013

Halloween


Cada cierto tiempo el ser humano cae en las redes del modismo y del miedo, quizás para no verse señalado, quizás para no verse excluido de esta sociedad carente de personalidad, volviendo a demostrar su borreguismo hace un par de días con la fiesta de Halloween.

Una fiesta que se cuela en el calendario con el mismo patrón que lo hace la del Día del Padre, la del Día de la Madre, la del Día de los Enamorados,… y con los hipermercados y los kanitos de turno como verdaderos valedores de la misma, por el bien de sus arcas y en detrimento de nuestras carteras.

Como buena fiesta comercial, ésta presenta dos bandos: a la diestra tenemos a sus defensores y a la siniestra tenemos a sus detractores.

Y es este último bando y las ganas de hacerse oír, con argumentos banales y partidistas, lo que me irrita de esta fiesta, sobre todo los que tienen alguna vinculación con el mundo de la Iglesia. 

Una Iglesia que, mire usted por donde, creo que tiene reservado en el calendario algunos días para su uso y disfrute, y que apenas hace negocio con el tema de la muerte llegado el Día de Todos los Santos, ¿verdad?  

La respuesta de alguno católico ofendido es previsible, pues me dirá que no vaya a comparar el mofarse de la muerte con el hecho de dar cristiana sepultura a nuestros familiares.

Pero yo no comparo, simplemente pido coherencia a esta Iglesia, y a sus católicos de boquilla, para que dejen de mirar la paja en el ojo ajeno y comiencen a preocuparse de los cimientos de su podrida viga, comenzando con el detalle de prohibir en algunos colegios concertados religiosos esta celebración, o al menos que cuando disfracen a sus niños y niñas, tengan el detalle de descolgar el crucificado de la pared.

Estoy seguro que Jesucristo se lo agradecerá.