lunes, 15 de abril de 2013

Todo llega.


            Si miras desde cualquier rincón sentirás su aroma agarrarse con fuerza al aire; si oteas en el horizonte, la envoltura de sus sueños comienzan a abrirse con pausa; si escuchas a la tarde robarle pellizcos al sol, sus huellas comienzan a trepar por las almenas.

Pero no se atreve a pasar del todo. Hay algo que se lo impide. Hay algo que le amarra la cintura y no le deja franquear la puerta para caminar de manera libre por senderos donde antaño sus pies respiraron.

Aquellos que creen conocer el carácter que su voz esconde cuentan que todo es cuestión de tiempo. Y puede ser que ellos lleven razón, pues apenas lleva varias semanas con el traje de fiesta y las costuras de sus miedos aún no han dado de sí.

La otra noche volvió su cabeza hacia atrás para ver el camino que surcó hace unos días, un camino andado entre nervios y utopías, entre perezas y apatías, entre anhelos y cobardías, y hasta el cielo lloró como sólo sabe llorar él, masticando la alegría en una tarde de viernes cuando escuchó cómo las sonrisas de felicidad iban pidiendo paso para garabatear su rostro cada vez que bailaba quimeras a la sombra de la luna.

Sabe que su turno al fin ha llegado; siente que sus gritos han sido escuchados en los fríos del invierno; acaricia las ataduras de sus muñecas que aun queman por las rozaduras de la espera, y sabe, siente, acaricia el temblor que desemboca en su labios cada vez que se da cuenta al mirarse en los espejos de que esto que está viviendo no es un delirio de escribano.

Solo necesita que las agujas del tiempo abracen un poco más su confianza cuando se tenga que despertar al alba, y entonces nos daremos cuenta de que con su palabra estará revistiendo la sangre sobre aquellos corazones que solo se alteran cuando llega la tan esperada primavera.

Bienvenida seas.