viernes, 15 de marzo de 2013

Se traspasan sentimientos



                Muchos de esos que reclaman a los cielos de Curtidores “otra madrugá”, apenas saben de sus secretos, raras veces se detienen a contemplar el dolor acompasado por la historia y desconocen -porque no tienen suficientes moratones aun en sus rodillas-, quien es la que acuna lágrimas en Cristina.

Muchos de esos que se llaman “hijos suyos”, apenas conocen a una Madre que sigue callada por los recuerdos de una herida que no dejamos que cicatrice, raras veces levanta la voz ante los gritos de los cobardes y es capaz de silenciar, con una simple mirada, al mismo dueño del tiempo cuando éste pretende elevar su palabra por encima de los vencejos que rondan la tarde.

Muchos de esos que posan en sus labios promesas que se ahogan al corretear las aceras, apenas pueden sostener ese nombre en sus gargantas, raras veces vuelven su cabeza hacia el patio de los refugios y desconocen que los arcanos de la noche se esconden en faroles y horquillas.   

Pero ahí está Ella, coronando un añejo retablo desde donde divisa a todo aquel que la ignora, a todo aquel que no se detiene ante sus plantas para rezarle, a todo aquel que no sabe que la belleza de las cosas viene marcada por los pellizcos que retuercen al alma y no por el envoltorio de las modas.

Y aquí estoy yo, preso de esa locura que es tenerla como Madre, cautivo de ese tormento que no sé cómo curarle, recluso en esta cárcel de pureza morada que tiñe de tradiciones mis huesos, esos que crecieron al son de eternas madrugadas.

Cuando nadie me ve suelo ir a buscarla para anclarme en su calma, y al comenzar mis letanías repletas de súplicas y desesperanzas, detengo mi pobre testimonio ante ese trazo que Dios dispuso en la tierra - en mi tierra-, porque ambos sabemos que hay emociones que franquean al aire solo con mecerlas en nuestros bolsillos.

Yo quisiera poder explicar lo que ambos oímos al vernos, lo que ambos notamos al descubrirnos, lo que ambos vemos al alejarnos,… pero al igual que hay sentimientos que laten bajo llaves, hay llaves que nunca podrán traspasar el latido de algunos sentimientos; y al igual que hay cerrojos que solo Ella sabe porque se me siguen enquistando, hay quistes que deberían de dormir para siempre bajo los silencios del mar;  y al igual que un día tuve la osadía de desnudar mi fe ante las tinieblas de su dolor, mi dolor se escapa por la ventana cuando, desnudo ante mis miedos, pronuncio su nombre.

No pretendo que la quieran como yo la quiero.

No busco que la busquen como yo la encuentro.

No quisiera que creyeran que solo Ella es el centro.

Pero cuando las ataduras les ahogue las muñecas o los suspiros no comulguen con los vientos; cuando la esperanza se despeñe por los cierros y el presente venga cargado de tormentos; cuando el camino se tropiece con las ilusiones y el sol se escape de entre los dedos, vayan a buscarla, refúgiense en su duelo, olvídense de la liturgia, Ella se encargará del resto, y entenderán que en este mundo existen caricias – de las que no somos dueños-, que tan solo con desearlas son capaces de atravesar sentimientos.