MI PRIMER CAMPAMENTO CON EL BEATERIO.

Reconozco que no me gusta que me tengan localizado; me da pavor el hecho de que me llamen una y otra vez, perdiendo la poca libertad que nos queda al ser humano, pero una de las llamadas que contesté con mas alegría fue la de Sor Ana, pidiéndome que fuera de monitor al Campamento de este año.

Llevaba esperando ese ofrecimiento mucho tiempo; recuerdo que la única vez que me pidieron que fuera, yo estaba cruzando el Parque Mª Luisa de Sevilla camino de la estación; y de eso hace ya bastante tiempo. En aquella ocasión tuve que decir que no. Pero esta vez el sí retumbó en toda la casa.

En un principio me daba miedo el ir. No por los niños, a los cuales los conocía a todos, sino mas bien por mi mismo, por el hecho de tener que convivir y compartir con personas a las que sólo conocía de vista, y en muchos casos, sólo de oídas.

Pero el destino a veces se presenta con ganas de sorprender, y me tenía guardado una campamento inolvidable. Y creo que no sólo para mí, sino para todos aquellos a los que unas risas invitaron a pasárselo bien.

Ha sido una experiencia que me ha llenado muchísimo; me ha ayudado a desconectar de la cotidianidad de la que somos preso, me he reído como hacía tiempo que no lo hacía, me he sentido querido, ayudado, respetado... y parte de culpa la tiene el levante, que cada vez que aparecía, se llevaba la tristeza y los malos pensamientos.

Desde estas líneas me gustaría darles las gracias a Sor Nieves y Sor Ana, por que de nuevo han confiado en mí, de nuevo han conseguido que me sintiera útil. De todo corazón: GRACIAS.

Gracias al resto de monitores del Beaterio: a Jesús por su paciencia, (siento que durmieras tan poco, jajajá). A Diego por dejarme que le ayudara con los mas peques, y por dejarme estar a su lado (guardaré con cariño el silbato). A Nati, por las risas que hemos compartido. (el año que viene te enseñaré el piercing...) A Sandra, perdona si he sido muy pesado a la hora de comer (y estudia) y a Marina, cada vez que salte el levante, protegeré con mas fuerza el tesoro de la amistad que me brindaste. A todos, gracias.

A los monitores de Hacienda Barriche (Juan, Sonia, Angelita y Paco) y a las cocineras, gracias por responder siempre con una sonrisa. Se notaba que os salían del corazón.

Y sobre todo, gracias a los niños, el verdadero motor de todo esto; aunque no lo sepáis, contagiáis las ganas de hacer cosas. Seguid así, y no os olvidéis nunca de quienes sois.

De todo corazón, gracias.

P.D. Lleva tatuado en el hombro el nombre de un amor imposible. Se refugia en su caballo para superar una perdida que le ha roto el corazón. No volverá jamás a comerse un pirulo... Camina entre los árboles, y suena una canción: ¿Quién es ese hombre?...