Anclado a tu mirada..




Te vi llegar a lo lejos, entre un murmullo de nervios y una alegría contenida en los labios y sin verte la cara, tu rostro me iluminó el corazón.

Tu venías meciendo tu grandeza al compás del aire, ante una ciudad que se vio desbordada por tu nombre y con el eco del racheo de alpargatas y bambalinas que deshojan madrugadas cuando nadie las ve.    

Yo era uno más entre la multitud congregada en torno a la ilusión de verte pasar, de rebuscarte en la sombra de los asombros que tu estela dibuja al caminar, de embriagarme de esa fragancia de Vida que tu palio destila cuando llega, se posa y se marcha navegando en un mar de latidos compungidos.

Y eso hice…

Verte pasar, rebuscarme en Ti, embriagarme de la esencia que desborda ríos, calles, soledades…

Y esperándote con los pies cansados sobre el alambre de un anhelo, rastreé en los zaguanes de mi memoria y recordé esa décima que te escribí una tarde de Jueves Santo sobre una estraza de inquietudes.

Entonces sólo oíste mis suspiros..

Entonces sólo te dijeron mi nombre..

Entonces mi voz estuvo quebrada, ronca, callada..

Por eso, al verte sombrear ante mi piel un lienzo de recuerdos, te la susurré bajito, como una canción de nana, como un beso en la frente, como un abrazo de madre con el que se extinguen las llamas del miedo.

Tú sabes mejor que nadie como compuse esos versos..

Tú me viste sangrar impotencias ante un folio en blanco..

Tú dejaste que el destino fuera un privilegio para un simple juntaletras..

Anclado a tu mirada me quedé, a pesar del gentío, a pesar de la distancia, a pesar del bullicio, a sabiendas de que me oíste silabear un vals de caricias oteando equilibrios para no defraudarte.

Liberé una deuda. Guardé silencio. Me vacié al verte cómo buscabas Triana para recontar sollozos.

Y al despedirme de Ti noté a la felicidad ponerse celosa pues tu nombre trazó sobre mi rostro una sonrisa con perfume de mudanzas.


Décima a la Esperanza de Triana año 2017