domingo, 26 de marzo de 2017

Que nadie me despierte...



Le acabo de pedir la venia a mis sábanas tras un día de impaciencias y cansancios. Acomodo mi cabeza a mi almohada para conciliar el sueño y cierro los ojos, dejando que la música de tus últimas palabras me desnuden las prisas y los acordes de tu piel me atrapen por completo.

La noche viene envuelta en lluvias y escalofríos y en cuestión de segundos te veo danzar suavemente por mi mente mientras el tiempo se detiene, se recrea, se sonríe al verte deambular por una habitación que incendias con tu risa, con tu mirada, con tu forma esquiva de acariciarme..

Dibujas sombras que intento respirar..

Navego por los suspiros de tus latidos..

Gano con tu presencia y pierdo con tu ausencia..

Juego por el borde de la felicidad que me trasmiten tus ojos, la confianza que me ofrecen tus manos, la calma y la pausa de tus silencios.

Y en la distancia que nos separa te pido que vengas a mí, que te sientes junto a mí y que escuches el pálpito de este corazón que se ha encaprichado de tu cintura, que sin ti no entiende la vida, que por ti resucita de cada caída.

Me acerco a tu oído y te susurro que nos dejemos llevar por las costuras de las horas y que el aire se encele al vernos pasear por sus avenidas.

Déjame que sea a ti a quien le confiese cada uno de mis temores..

Déjame que seas tú quien desarmes mis preocupaciones..

Y déjame que te bese -plebeya mía-, en una esquina plateada de mis sueños, como la primera vez..

¿Te acuerdas?

Dimos un paseo por la orilla caliente de los recuerdos y nos perdimos por los disfraces de los olvidos..

Comenzó a llover y buscamos refugio en un hueco de nuestras soledades; ambos tiritábamos de frío, y al mirarnos, ambos entrábamos en calor..

Un mechón de pelo rebelde se había antojado de tu mejilla derecha y no me dejaba verte la cara; te pedí que te lo apartaras y al hacerlo, mis huesos galoparon hasta los tuyos como si no hubiera mañana, separándome de tu piel las sombras que dibujan los lunares de tu espalda.

Ante ti, deje que mis recelos se perdieran por las fronteras de mis azoteas mientras que mis pupilas empezaron a navegar de tus ojos a tus labios, esa fuente de vida de la que bebí hasta emborracharme de ti.

Fui tuyo en cada mordisco, en cada sacudida..

Nuestras lenguas se peleaban por ganar la última partida..

Fuiste mía en una batalla de la que aún conservo moratones y  cicatrices que saben a ti, que huelen a ti, que  llevan tu nombre cada vez que las acaricio..

Cierro los ojos. Me vence el sueño. Sé que mañana será otro día pero esta noche de nuevo vuelvo a ser tuyo.


Por favor, que nadie me despierte….