domingo, 18 de septiembre de 2016

En tus zapatos...


En tus zapatos… y en los míos es la frase escogida este año por los colegios y escuelas infantiles de Jesús-María para concienciar a toda la comunidad educativa de que no estamos solos en este camino que llamamos vida.

Es una frase que adorna nuestras aulas, nuestros pasillos y nuestras agendas, y que nuestro alumnado ha hecha suya desde el primer día de curso.

Me gusta esta frase.

Y me gusta porque guarda en su interior una llamada para que nos detengamos en mitad de nuestro camino -seamos docentes o no-, y observemos mucho más allá de lo que sucede sobre nuestra propia piel.

Y es que a veces con las cicatrices y los moratones que llevamos sobre nuestras espaldas tendemos a volvernos egoístas y a dejar de compartirnos; y aquello que no se comparte, tiende a perderse.

Entiendo que las circunstancias que rodean a cada uno nos hace a veces pensar que nuestros problemas y agobios son únicos, asumo que a ciertas edades tenemos cargas familiares, profesionales y personales que hacen que nuestra mochila vital cada día pese más, y acepto que salir de nuestra zona de confort es una misión cuanto menos que imposible.

No me tengo que ir muy lejos para constatar esta realidad de la que os hablo hoy, pues yo mismo me creo a veces que soy el centro del universo, que mis problemas son los que deberían de solucionarse antes que los de cualquier persona que me rodea, y mi zona de confort lleva años abarcando todo mi ser.

Me gustaría cambiar mi forma de pensar y emprestar mis zapatos a aquellos que pierden su tiempo en preguntarme cómo estoy y reciben de mis labios un silencio incómodo y preocupante, pero mis huellas siguen siendo de barro.

Pero tengo esperanza y quiero aprender a compartirme; así que descalcémonos y detengámonos -esta vez-, en nuestros  zapatos.