Tengo ganas de Ti...



            Sueles aparecer rondando los cierros de mi mente cuando menos me lo espero; y lo haces de manera callada, sin aspavientos, sin adornos, sin aparejos que me distraigan de tu nombre.

A estas alturas de nuestras vidas, ambos conocemos el eco de nuestras zancadas, y ambos necesitamos oírlo de vez en cuando para saber que no estamos tan distanciados el uno del otro.

Y esta vez has sido quien has aparecido por el zaguán de mis impotencias; y al verte -en una simple fotografía-, me he dado cuenta de que tengo ganas de Ti.  

Y es que tengo ganas de coger un bolígrafo de tinta roja y remarcar en los calendarios que bordean mis días cuándo sales a la calle, cuándo te podré besar la mano, cuándo podremos quedarnos a solas para dejar guardada de una vez por todas la bandera blanca de mis derrotas en el altillo de los vacíos.

Tengo ganas de que el sol del invierno se cuele por mi piel cuando vaya a buscarte por los callejones donde los hombres se buscan a sí mismos cuando hablan de Ti entre fajas y relevos.  

Tengo ganas de perderme en tus ojos, porque es en ellos donde me encuentro cuando me pierdo.

Tengo ganas de que me pongas en aprietos, y que el silencio sea el testigo de lo que a solas te vaya diciendo.

Tengo ganas de ir a tu encuentro, y que el pulso de tus latidos se derrame por mis adentros.

Tengo ganas de saber de Ti, de sentirte delante de una bulla, de dejar que la noche corretee detrás del sueño y de ver cómo la luna descose todas las promesas que los dos guardamos en un cajón del olvido.

Tengo ganas de llegar a casa con olor a cansancios, con el aroma de tus pisadas solapadas a las huellas de mis zapatos, con cientos de recuerdos anclados a las volutas que el incienso no pudo dejar impregnado en mí.

Tengo ganas de verte y de perder el sentido del tiempo cuando un costero te lleva y te trae por los adoquines de los suspiros.

Tengo ganas de hablar de lo que me provocas, de tiznar tu mirada con besos robados al atardecer, de decirte que aquí estoy un año más delante de Ti porque tú sigues empeñado en que siga persiguiendo el sueño de vivir a tu lado.

Tengo ganas de ser lo que quieras que sea.

Tengo ganas de llorarte, de extrañarte, de rebuscarte en mis cicatrices y de entregarme a Ti en cuerpo y alma.

Tengo ganas de partir en dos ese trozo de papel donde cada día escribo la quimera imposible de mis ilusiones.

Tengo ganas de enterrar mis miedos, de sacudir las cenizas de mis escombros, de otear el horizonte que me espera tras cada amanecer y te siento cerca; que sepas que Tu mirada sigue siendo la primera que me cruzo cuando abandono mis sábanas.

Tengo ganas de que mis problemas sean finiquitados con un guiño de esos que y yo sólo sabemos leer y que encierra la palabra gracias firmada con escalofríos de dudas y esperanzas.

Tengo ganas de enseñarte mis nuevas costuras, y de decirte que todavía tengo unas cuantas que no soy capaz de coser con el hilo de los descuidos.

Tengo ganas de decirte al oído que sigo siendo de barro, y que me gusta sentir tus latidos crepitar bajo el fuego de la madrugada.

Tengo ganas de abandonar este infierno, de secar las lágrimas que en soledad lloro a escondidas, de reír a carcajadas sin sentirme culpable al respirar pinceladas de felicidad.


Y sobre todo, tengo ganas -muchas ganas-, de Ti.