domingo, 10 de julio de 2016

Pinceladas de felicidad...


         Si en estos días nos detenemos por un momento en ver cómo camina el mundo, probablemente acabemos enrabietados y con ganas de detenernos en la siguiente estación.

Es lo que tiene tener tantas ventanas cuyos reflejos se pierden en el atardecer de los demás.

Pero como el hacedor que mueve nuestros hilos supo de este pequeño contraste, para solventar ese pequeño error nos puso el corazón de los amigos al alcance de nuestras miradas, y el de mi amigo Lolo es de esos corazones que palpitan entre risas y silencios.

A su manera -y con sus cabreos los cuales me hacen más daño a mí que a él-, me está enseñando que la vida es un vaivén de momentos, un carrusel de confesiones y una pincelada de felicidad que hay que saber trazar bajo el compás de las horas.

Así, mi felicidad se encuentra hoy por hoy en un paseo por la orilla de la playa cuando el mar se está sacudiendo la sal de sus heridas; si estás leyendo esto, te espero una tarde.

En una charla con personas cuyos ojos asienten con cada una de mis palabras y sufren con cada una de mis lágrimas.

En un simple mensaje de buenos días; en una canción compartida entre gritos; en que alguien confíe en ti cuando ni siquiera tu soledad lo hace por ti y esa persona no sabe siquiera de qué color son tus ojos.   

La felicidad es un instante que pretendemos que sea eterno, como esos suspiros que entrecortados salen de nosotros cuando tenemos imposibles cosidos a la palma de los sueños.

La felicidad es un abrazo que recibes sin venir a cuento.

La felicidad es pretender que la vida se congele justo cuando alguien te susurra te quiero.

Pinceladas de felicidad…


Persíguelas. Son las únicas pinceladas que podrán darle color al gris de tu día a día.