Mi compañera Gloria


         La profesión de maestro es una de esas profesiones que la sociedad se encarga de ir denostando y pisoteando cada primavera y de la que todo el mundo opina aunque vomite faltas de ortografía por la boca.

Os recuerdo que las puertas de la Facultad de Educación están abiertas y se permite la entrada a todo el mundo.  

A mí no se me caen los anillos al afirmar que soy maestro. Y lo soy y tengo la suerte de conocer a una de esas maestras que engrandecen con su trabajo y su entrega la palabra Educación.

Como profesional ella representa todos los valores que la fundadora de los colegios Jesús-María supo y quiso trasmitir a sus alumnos. Pero como persona es inigualable subrayando el dicho aquel del maestro nace no se hace.

Madre de una familia que la adora, hija entregada por los que están y por los que ya tuvo que decir adiós, compañera sincera y fiel, en su mirada lleva marcado entre tizas de colores lo que un buen maestro debe de ser para con sus alumnos, sus padres y sus compañeros.

De vez en cuando me paso por su clase para ver cómo está porque reconozco que la echo de menos en el día a día. Más de lo que ella jamás pudo soñar. Más de lo que yo mismo pude creer.

Y es que cuando te encuentras con alguien que te ofrece su mano,  sus consejos y sus confidencias mirándote a los ojos nada malo puede pasar aunque llueva con fuerza.  

Sus actuales compañeros de etapa aún no saben la suerte que tienen de tenerla cerca. Sabed que os envidio.


Querida Gloria, gracias por todo lo bueno que en su día me diste al trabajar a tu lado, y gracias eternas por todo lo bueno que me vas a seguir dando mientras juntos sigamos tirando del hilo.