domingo, 14 de febrero de 2016

Quédate contigo...



Hoy que Cupido va lanzando sus flechas en busca de nuevos enamorados, y los enamorados perpetuos -por ese miedo infundado a perder puntos-, están envolviendo flores, anillos y bombones,… hoy me vas a permitir que te cuente algo.

Lo mismo con estas palabras consigo que abras los ojos o que me dejes de mirar.

Lo primero de todo es que no caigas en la gran mentira que te han vendido de hipotecar tus sueños a la cintura de otra persona; de tanto escucharlo, te has creído que la vida sólo merece la pena si cada noche tus pies son arropados por el frío de otro pies, y créeme que ese cuento tiene algún que otro matiz que deberías de saber.   

Es cierto que este camino de rosas y espinas es más fácil de superar si compartes atardeceres y amaneceres junto a otro corazón que acompase los latidos de tus miradas… 

Pero antes de que eso suceda, antes de que los nervios aceleren tus besos, antes de que las risas se confundan con el tiempo,… tienes que pensar en tus huellas.

En esta vida, tienes que ser egoísta para luego poder ser generoso o generosa.

Por eso, antes de amar sin medida, ámate.

Antes de querer hasta perder las tapaeras del sentío, quiérete.

Antes de darlo todo por aquella persona que te tiene atrapado, darlo primero por ti.

Al fin y al cabo, tu piel es la que recubre tus pulsos y tus pensamientos cada mañana y nada es eterno bajo el sol de tus años, excepto las cicatrices de tu memoria.  

Así que hazte un favor y brinda por la vida. Por tu vida y por este regalo que nos hace el destino sin que nos lo merezcamos.

Ya luego rebuscas en tu mochila vital y te detienes en tirar de cada una de tus costuras, pero recuerda: quédate contigo antes que con nadie.