jueves, 17 de diciembre de 2015

Romance a la Esperanza


En una esquina de mi alma
anclada por los recuerdos
entre cortinas azules
y mil tiestos de por medio
se alza en silencio la reina
de los fríos del invierno
la de la dulzura eterna
la del susurro del viento
la que quita sinsabores
al trébol de los aciertos
la que arropa las promesas
con costuras de remedios
la que de noche camina
por la orilla de los sueños
la que sirve de inspiración
al preso de los acentos
la que da los buenos días
al más loco de los cuerdos
la que provoca locuras
que se reflejan en versos.

  
Ella siempre se encuentra ahí
con el pecho descubierto
las lágrimas ensartadas
los ojos zanjando entuertos
dispuesta a escuchar palabras
que atraviesan los desiertos
los arroyos, las montañas
los barrancos y los puertos…
y que al sentir su mirada
sosiegan todos los rezos.


Ella siempre se encuentra ahí
recogiendo desalientos
los que voy catalogando
por los pasillos del tiempo
los que consumen mis fuerzas
los que me queman por dentro
aquellos que me hacen llorar
secar penas como diezmo
hundir mis pies en el barro
y mi dolor en asedios.


A Ella

A Ella le revelo todo
sin dobleces, sin misterios.
A Ella le confieso todos
los ecos de mis silencios.
Con Ella comparto todos
los bordes de mi universo…
desfilando por mi boca
una cascada de nervios
cuando se desata el llanto
en un banco de su templo
y veo en la lejanía
cómo agonizan tormentos.


Porque Ella le da sentido
al suspiro de los besos
al pellizco en las entrañas
a las llamas del infierno
al principio de la vida
al ocaso de los huesos
al renglón equivocado
a los amores eternos
a los que penden de un hilo
a los abrazos maternos
a los que tienden la mano
a los que apagan incendios
a los que cosen heridas
a los que no tienen dueño
a los que envuelven sonrisas
a los latidos pequeños
a las respuestas vacías
a los que hilvanan empeños
a los que narran leyendas
a los que emprenden regreso
a los que envían recados
más allá del firmamento...
y a los que no entienden que Ella
es la luz y el alimento
de este simple junta letras
de este negado talento
que encontró en la Esperanza
-bendito fue aquel encuentro-
el motivo para vivir
y el final para sus cuentos.


Foto: Fran Silva