domingo, 18 de mayo de 2014

Vivir con miedo


De un tiempo a esta parte camino por los días con el sobresalto de vivir con miedo.

Sin saber muy bien por qué se ha apostado en mi mente esa sensación animal de pavor, de recelo, de alarma,… y temo que con el paso de las horas el miedo me vaya ganando la batalla y sea el último vencedor de este envite mientras yo tenga que ondear al viento la bandera blanca de los suspiros.

No le pongo cara. No le pongo voz. No le pongo mirada, pero lo siento cerca de mí cintura, con el cuchillo entre los labios, perfilando el borde de mis alientos y esperando el tropiezo de alguna de mis huellas.

Cuando la luna arranca besos a destiempo y los gatos se juegan la vida haciendo equilibrio entre tejados y jardines, suele esperarme agazapado en el surco que dibujan los sueños, esos que de niño perseguía y hoy se agarran con uñas y dientes a la esperanza de que alguna tarde este escribano apueste de nuevo por ellos.

Cree conocer mis puntos débiles, y le gusta dejarme mensajes escritos sobre las sábanas al llegar el alba; por suerte aún no se ha enterado que me gusta quedarme dormido en el sofá para aspirar las gotas que de vez en cuando me regala mi aire.

Le escucho frotarse las manos cuando cierro puertas y ventanas; cuando giro la cabeza y huyo de sombras y saludos; cuando lloro con el corazón en un puño porque ya no puedo tirar más de mis hilos; cuando vuelvo a dejar en el tintero lo que mi alma me cuenta, me dice, me susurra,…  

Alguien me dijo hace tiempo que tenía que pensar más en mí para poder enfrentarme a mis miedos… 

Hoy he hablado de él en este rinconcito, dando el primer paso para poder vencerle… 
¿me ayudas a dar el segundo?