Hay tantas cosas...

 

          Hay historias que no merecen la pena ser escuchadas, que no tienen vida, que no destilan escalofríos, ... y a su vez hay historias que al escucharlas, nos dan la vida, pellizcándonos la piel en cada golpe de voz;  

hay cuerpos que no tienen alma, que caminan sin dejar rastro, ausentes al dolor y a la risa, ...y a su vez hay almas que buscan caminos en los que la sonrisa y el llanto les ayude a encontrar un cuerpo donde cobijarse;

hay momentos que todos guardamos entre papeles de periódicos en algún cajón olvidado, entre reseñas que, con el daño que nos hicieron, quisiéramos no haber tenido que vivir, ... y a su vez quisiéramos revivir determinados momentos, aunque sepamos que la tinta con la que se suscriben abrirán heridas que aun no están cicatrizadas del todo;

hay miradas que son cómplices de nuestros sentimientos, de nuestro pálpito a pálpito, de nuestra existencia, ...y a su vez hay sentimientos que palpitan cuando existe complicidad entre nuestras miradas;

hay palabras que guardan infinidad de significados, aunque sus sílabas sean arrastradas por el viento, ... y a su vez hay significados que carecen de palabras, pues el viento no es capaz de abrir nuestras gargantas para que rompamos el silencio;  

hay personas que buscan su lugar, que buscan sus raíces, que buscan su espacio, ... y a su vez hay lugares que buscan el espacio que queda entre las raíces y las personas para encontrarse;

hay sombras que reflejan en el tiempo aquello que nuestras huellas ignoraron, ... y a su vez hay tiempos que sabemos que han existido por que el reflejo de sus sombras nos producen daño; a esas huellas sí que deberíamos de ignorar.

        Hay pestillos que nos ayudan a guardar secretos detrás de puertas sin bisagras, de esas que esconden humedades y trapos a medio doblar, ... y a su vez hay secretos que, aunque se guarden bajo pestillos, florecen a cada paso que damos, pues somos incapaces de sepultarlos;

hay lágrimas que recorren nuestras mejillas como factura de nuestra amargura, dejándonos patente sus latidos, ... y a su vez, a nuestra amargura le encanta ser el idilio de esas lágrimas, esas que buscan desahogarse por  nuestras mejillas;

hay caminos que uno recorre paso a paso, desnudándose en cada esquina, marcando con una cruz roja cada piedra, cada guijarro para no volver a tropezar en ellas, ... y a su vez, hay piedras que encontramos en nuestro camino, hay guijarros con los que nos tropezamos sin querer que al esquivarlos, hacen que descubramos de nuevo nuestra desnudez;

hay verdades que uno se tiene que callar para que la lengua no se envenene entre los dientes al pronunciarlas, ... y a su vez nuestros dientes se van envenenando cuando de nuestras gargantas sólo salen verdades que nunca  deberían de ser calladas.

En fin, hay tantas cosas,...