
Zinedine Zidane es el nuevo seleccionador de Francia.
Para los que amamos este deporte, no se trata solo de un cambio en el banquillo francés; es el regreso de una leyenda viva al lugar donde construyó su mito, donde tocó la gloria y donde supo lo que era el infierno.
Pero… ¿por qué todo el mundo confía en que su etapa al frente de Les Bleus será un éxito rotundo?
La respuesta no está en pizarras complejas ni en análisis tácticos aburridos, sino en algo mucho más poderoso: su aura.
El divino Zidane posee una magia única, una presencia que impone respeto sin necesidad de levantar jamás la voz.
Como jugador, nos regaló momentos inolvidables que definieron la historia de este deporte.
Como entrenador, demostró en el Real Madrid un talento especial para manejar un vestuario repleto de egos.
Tiene el don natural de conectar con el futbolista, de entender sus emociones y de sacar la mejor versión de cada uno de ellos en el vestuario.
Cuando 'Zizou' habla, los futbolistas escuchan. Nadie en el equipo francés puede dudar de las palabras de un gigante que ha tocado la gloria tanta veces con las botas puestas como desde la banda.
Es un líder nato y un referente mundial que transmite una calma absoluta en las situaciones de mayor presión, de hay que no necesite complicaciones: le basta con contagiar su mentalidad ganadora, gestionar los egoísmos con egoísmos y recordar a sus jugadores lo que significa vestir esa camiseta.
Francia no solo contrata a un gran entrenador, recupera a su gran símbolo.
El fútbol sonríe porque Zidane está de vuelta, y cuando él lidera el proyecto, el destino casi siempre es la gloria.
Les Blues ya han comenzado de nuevo a soñar.

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