Tranquilo Tino, te esperaré...



El “tic-tac” de mi reloj de pulsera se detuvo la otra noche, justo en el último quiebro de voz de la comparsa de Tino Tovar.

Fue ahí, entre ecos de aplausos y lágrimas silenciadas cuando el jarró de agua fría busco mi espalda y reveló el secreto de que Tino necesita un descanso.

Su mirada lo necesita. Su gente lo necesita. Y su tiempo lo necesita.

Él mejor que nadie sabe del duelo que supone dibujar te quieros sobre el horizonte de lo marchado; sobre nostalgias recién embaladas; sobre una soledad que martillea las sienes de la memoria, de la piel, de los besos ardientes que ya uno nunca podrá recibir…

Se va para perderse en los callejones de su infancia y abrir de par en par los recuerdos a su corazón herido y remendar las costuras de su ser.

Se va para buscarse entre silencios de algarabía, para echar la vista atrás y para respirar en torno a las huellas del poeta que a día de hoy es, del hombre que hoy es.

Se va para algún día regresar… o para regresar algún día por el camino por el que se fue.  

Es Tino Tovar, un simple juntaletras que habita en un cuarto de mi alma, ese que tiene cortinas de papelillos y cuyas paredes están cubiertas de cuartetas, de pitos de cañas y de estribillos de sal.

Amigo, voy a echarte de menos, voy a extrañar tus letras y voy a dejar que el pensamiento se detenga sobre los giros de ese anillo que sabe de ti todo aquello que ni tú mismo crees saber.

Vete tranquilo. Descansa. Fija tu voz en ese cielo de Cádiz, añejo como los nudillos de tus musiquitas, y crea nuevas canciones, nuevas republicanas, nuevas locuras con las que el mundo se sienta más feliz, se cante así mismo más feliz, aprenda a ser un poco más feliz.

Disfruta de las bambalinas que te quedan por vivir, de los coloretes que te quedan por empolvar, y de los aplausos que aún te quedan por escuchar

Eso sí, cuando el ultimo telón caiga, quítale las manecillas al calendario, deja que las estaciones dibujen sobre tus sábanas ilusiones nuevas, y respira como sólo un hombre enamorado de la vida puede y debe respirar.

Querido Tino, en mi cuarto te estaré esperando. Cuídate.