miércoles, 6 de enero de 2010

No puedo seguir así

















He silenciado mi voz, pero no he podido silenciar a mi alma; he callado por un tiempo, pero es el mismo tiempo el que me pide que hable; he intentado que tu ausencia no me afectara, y me ha afectado más de lo que yo creía.

Por que desde hace muchos años, tengo la certeza de que soy de ti, y es a ti a quien extraño por los recovecos de mis días.
Porque el seguir caminando sin la compañía de tu sombra hace que mis huellas se muestren nerviosas cuando creo que piso tierra firme.
Porque he ido a buscarte a tu capilla, y no es la misma sin ti.
Porque me he sentado en esos bancos y, al mirar al frente, no te he encontrado.
Porque se que te encuentras a unos metros de mí, pero se me hacen tan distantes.
Porque he querido llamar a la puerta y verte, pero ya sabes, soy un simple hombre.

Y aun así, tengo que entender que es por tu bien, que debo de tener paciencia, y que muy pronto volverás –reluciente- a tu camarín-, pero al pasar por las Angustias, aparece un pellizco en el corazón, que no me deja respirar. Que prefiero dar la vuelta a la plaza porque sé que al buscarte en el azulejo, voy a pasarlo mal. Que no le pregunto a mis hermanos por que sé la respuesta que me van a dar. Que se que estas en buenas manos, y que de eso no debo dudar.

Y rompiendo con el miedo hoy voy a confesar el secreto que nos une, y es que soy de ti, y creo que tengo derecho a estar así, y por eso me preocupo; por Ti y por mí.

Por que no quiero vivir una tarde de Domingo sin acompañarte.
Por que se me llena la boca cuando es tu nombre el que pronuncio.
Por que la sonrisa cubre mi cara cuando entre libros, a modo de separador, me cruzo con tu rostro.
Porque me pongo nervioso cuando me enfundo mi tunica, rezando entre dientes para ir a buscarte.
Porque sueño de nuevo con llevarte entre mis hombros de nuevo cuando te pasee por tu barrio.
Por que cierro los ojos y los abro de golpe cuando se vislumbra a lo lejos una vida sin ti.
Y por mil razones que abarcan toda una vida entera y...

Y por que, en definitiva, te echo mucho de menos. Y porque ansío que vuelvas pronto a casa, a tu casa, para que yo pueda ir a buscarte, como tantas veces lo he hecho.

No tardes.


Artículo publicado en la página web de la Hermandad de las Angustias de Jerez y en Cofrademanía.