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Sueño imposible

Después de muchos meses sin hacerlo, he vuelto a soñar con ella. 


Con la mujer que hace que mis palabras se detengan. 


Con el nombre que llevo tatuado sobre mis quimeras. 


Con mi sueño más que imposible.


Y después de darle algunas vueltas, he decidido volver a hablarle; a escribirle; a desangrarme. 
Serían las tres de la mañana. 


Ella vestía un traje negro, e iba danzando por las aceras. Por maquillaje llevaba su sonrisa. Por perfume, su mirada lo embriagaba todo. 


Nos cruzamos sin previo aviso, en una calle sin nombre, y nos saludamos como dos corazones que saben que jamás latirán al mismo compás. 


Mientras lo hacíamos, mi mundo cobró sentido. 


Al irse, mis sentidos perdieron el suyo.


Nos despedimos deseándonos lo mejor, y al alejarse de mis nervios, giré la cabeza para memorizar sus andares; su silueta se desdibujó entre gasas de bruma y se quedaron a respirar junto a los mil abrazos que le tengo prometido. 


Cuando la perdí de vista, metí las manos en mis bolsillos. Maldije una vez más a mi suerte. Y al doblar la esquina, ella apareció para colocarse delante de mis sombras, sus labios comenzaron a caminar por el dintel de mi oido, y con un hilo de voz que desafiaba al silencio de la noche, me susurró…


                    Esta historia aún no ha acabado… 


Y entonces, su boca besó a la mía.


Mi piel se erizó.


Y sus manos y su cintura se marcharon dejándome una vez más petrificado. Inmóvil. Paralizado.

 
Aquel roce con su piel fue un rozadura de eternidad, un reguero de pulsos desbocado, un incendio de carne y ganas de más donde el tiempo -ciego y soberbio-, se detuvo de repente. 


Aquel contacto furtivo desató una tormenta de pulso febril por todos los huesos de mi alma, un vértigo infinito por todos mis suspiros, una pasión suspendida en el aire.


Meses después, había vuelto a soñar con aquella que habita en mis versos, en mis canciones, en mis otras vidas. Y al hacerlo, me di cuenta de que cada vez que lo hago, la locura me acaricia la femoral de los sentidos.


Aunque esta vez… mis labios, aun calientes por culpa de ese beso, me recordaron que sigo enamorado de ella.


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