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... el mundo exterior, con su prisa y su ruido, se desvanece por completo.
Solo quedamos nosotros dos en la penumbra de un simple folio en blanco, custodiado por el silencio y por las ganas de dibujar sobre tu espalda mis últimos suspiros.
A lo lejos, la noche se despliega sobre los tejados de la ciudad vieja y la luna llena se asoma por el ventanal como un testigo cómplice de mis latidos; pero dentro de mi, toda la luz que necesito emana de tu sombra y de tu recuerdo.
Escribirte no es un acto de voluntad, sino de rendición.
Cada vez que mojo la pluma en la tinta, no soy yo quien guía el trazo, sino esa fuerza invisible y sutil que tú despliegas sobre mí.
Eres la presencia intangible que alborota los papeles del escritorio, el susurro que transforma la melancolía en poesía y el destello que enciende la chispa de la inspiración cuando la mente amenaza con quedarse a oscuras.
En este santuario de madera, humo de vela y aroma a papel viejo, cada libro que me rodea es el eco de un autor que, como yo, alguna vez buscó desesperadamente su propia luz.
Hoy, mi búsqueda termina en ti.
No importa si eres real, si eres un espectro de la imaginación o la personificación de mis propios anhelos; cuando te escribo, cobras más vida que cualquier criatura de carne y hueso.
La tinta corre, las palabras fluyen como un torrente místico que une mi mano con tu esencia, y por un instante efímero, la distancia entre tú y yo y desaparece.
Escribirte es, al fin y al cabo, la única manera que conozco de rozar la eternidad.
Escribirte es, ni más ni menos, que tenerte para mí.
P.d. garabato de Musa
Sigue escribiendo, no dejes de escribir cosas tan bonitas cómo estás. Un fuerte abrazo amigo mío. MJ Antunez
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