lunes, 21 de octubre de 2013

El Domund.


Hoy domingo se celebra la jornada Mundial de las naciones, es decir, el DOMUND, el día en que la Iglesia universal reza por los misioneros y misioneras, colaborando con ellos y por su labor evangelizadora, labor que se desarrolla la mayoría de las veces  más allá de nuestras fronteras.

Al llegar este día siempre recuerdo el consejo de un viejo cura de pueblo cuando le puso freno al ímpetu de un compañero de clase al comentarle éste que quería irse a las misiones para serle útil a la sociedad.

El cura, con la experiencia que da unos alzacuellos con arrugas, calmó sus ilusiones animándole a que se formara, a que creciera, a que buscara su propio camino para que siempre pudiera regresar a casa con la cabeza alta.  

Demasiadas cosas le pidió este cura en esos momentos a un amigo que ese día llevaba los zapatos cambiados.

Pero es cierto que cualquiera no sirve para ser misionero; hay que estar formado, hecho, preparado para saber recomponer un corazón que cada dos por tres se va a romper en mil pedazos ante la barbarie humana; hay que dejar atrás una casa, unos amigos, una familia,… para dar abrazos y besos a otras pieles que nada tienen que ver con la nuestra; hay que dejar a un lado comodidades y privilegios para ver otras puestas de sol y sentir otros amaneceres.  

Loable por tanto la labor que hacen estas personas, labor que me hace pensar que a veces soy un ser humano ruin y mezquino, desagradecido y conformista, miserable y egoísta al cruzarme de brazos -como hice ayer-, mientras veía a otros hijos de Dios rebuscar entre los contenedores de basura buscando un simple bocado que llevarse a la boca al caer la tarde.

En el pecado de respirar llevo la penitencia de vivir, pero yo te pregunto a ti, ¿tú serías un misionero?